Siluros: gigantes del río Ebro

Tras un tiempo desconectado de la pesca con artificial del Silurus glanis, llegó el momento de salir de mi “zona de comfort” y regresar al Ebro, el río de los peces monstruosos. En las aguas con corriente, llenas de rápidos, saltos y remolinos, los ‘wels catfish’ se comportan como letales predadores, ocupando los mejores cazaderos durante sus horas de actividad. Allí, los periodos de alimentación están bien definidos.

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Pero una cosa es conseguir la picada de un leviatán a un artificial y otra bien distinta lograr capturarlo. Estos peces de aguas movidas son extremadamente fuertes, lo que unido a su inagotable combustible, los convierte en locomotoras diesel al otro extremo de la línea. A veces se apoyan en las zonas de mayor corriente para imprimir máxima tensión; en otras ocasiones aprovechan su ilimitada potencia para jugar con el pescador, remolcándolo cientos de metros río arriba.

Cuando hay crecida, estas caudalosas aguas no son ninguna broma y los riesgos son considerables (chaleco salvavidas y tenazas de corte resultan obligatorios) para el pescador inexperimentado. Piensa en un paraje atestado de árboles y matorral sumergido, algas, carrizos, etc que el gran ‘waller’ aprovechará para enredar la línea, dirigiéndose indefectiblemente hacia cualquier obstáculo sumergido nada más morder el cebo.

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En esta pesca sin concesiones, de acción extrema, los equipos trabajan a límite. Emplear un multifilamento trenzado de grosor o resistencia escasos (mínimo 120 lbs), una caña de potencia o acción equivocada (no parabólica e inferior a las 8-12 oz) o un carrete con freno de combate ineficiente, significa buscarse problemas con estos enormes peces gato dopados con anabolizantes.

En las aguas quietas del embalse, existen menos complicaciones y como los siluros ‘no van al gimnasio’, ¡es posible atrapar un trofeo con equipos más ligeros!. Después de varias capturas de siluros XXL, acabarás molido, con los músculos de la espalda y brazos doloridos, lleno de barro y baba… pero repleto de recuerdos y soñando con regresar a dar cuenta de estos implacables verdugos de las aguas chocolateadas…

Agradecimientos: a Rubén Calavia

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Siluros : Los Monstruos del Ebro

Pesca del Siluro en el Río Ebro

Desde hace años los gigantes del Ebro perturban mi sueño.  Esta bestia enorme y potente o teme a ninguna otra criatura bajo las aguas y cada día obsesiona a mas pescadores en busca de su trofeo. Al parecer, en la primavera de 1974,  el pescador e ictiólogo alemán Roland Lorkowsky atravesó los Pirineos con 32 alevines de Silurus glanis procedentes del Danubio que fueron liberados en la desembocadura del Segre en el embalse de Ribarroja. En 1995, se cree que unos 200 pequeños siluros procedentes del rio Po llegaron al Ebro de manos de Oliver Portrat.

Desde su ilegal introducción, los siluros ibéricos, aclimatados a un ecosistema que proporciona abundante alimento, no han hecho mas que crecer y reproducirse excepcionalmente. Cuarenta años después, el río mas caudaloso de España se ha convertido en el destino número uno, junto con el río Po en Italia, para los que desean medirse con uno de estos colosos. Se cree que el Silurus glanis puede vivir unos 20 o 30 años en aguas templadas, periodo en el que cuando la comida es abundante, pueden sobrepasar los 2,3 m de longitud y los 100 kg de peso.

Entre las zonas mas fructiferas para su pesca se encuentra la cola del embalse de Mequinenza (desde Caspe hasta Escatrón o Sástago), el pantano de Ribarroja (especialmente el área de confluencia entre los rios Cinca y Segre, donde se han capturado los ejemplares mas grandes) y el rio Ebro no muy lejos de su desembocadura en el Delta.

En determinados días de primavera y finales del verano, los siluros abandonan las zonas de aguas profundas realizando frecuentemente furtivas incursiones en las ensenadas de aguas bajas atestadas de carpas para procurarse alimento fácil. Es el momento de intentar su pesca con señuelo artificial, la modalidad mas deportiva de todas las que existen.  Si es cierto que el siluro puede tener ocasionalmente una conducta carroñera, alimentándose de animales muertos, no es menos verdad que a los siluros que no son expuestos de manera continua al absurdo cebado con pellets, les encanta el siniestro juego de la caza por la comida.

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Los siluros crecidos son grandes, potentes, obstinados, pesados y cuentan con un “motor diesel” que les proporciona una duradera fuente de energía. Ello implica que deberás emplear un equipo lo suficientemente robusto para cuendo tengas que enfrentarte con mamá ‘gato’. Aunque no hay que exagerar (caña de al menos 3 oz de potencia, línea de multifilamento trenzado de 40 Kg de resistencia y un carrete de tambor giratorio con un freno de calidad).

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Si aún no has acumulado toda la experiencia necesaria o desconoces las aguas chocolateadas del Ebro, tal vez necesites contratar un guía. En las poblaciones de Caspe y Mequinenza a buen seguro encontrarás experimentados cazadores de siluros dispuestos a acompañarte en tu aventura. Quien sabe si dentro de unos años, los peces que hoy día impresionan a pescadores de todo el mundo, parecerán insignificantes…

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