Cuberas destroza aparejos

Snappers en Cuba

El ‘Lutjanus griseus’ o cubera de manglar, adora el entramado de ramas y raíces sin fin que conforma la jungla de mangle. El hábitat de estuario de aguas templadas, con fondos de vegetación, es un lugar que los «Grey snapper» encuentran ideal. No hay que confundir estos peces (talla habitual 1-3 Kg,; talla máxima alrededor de 13 Kg) con otra variedad diferente, propia de los arrecifes de coral y que puede alcanzar tamaños mucho mayores: el ‘Lutjanus cyanopterus‘ o «Cubera snapper» (fácilmente supera los 10 Kg de peso, puediendo superar los 50 Kg).

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El cuerpo de la cubera es compacto, muy fuerte y musculoso. Su librea puede variar de un lugar a otro, aunque es típicamente marrón con tintes rojizos y unas inconfundibles franjas transversales. Cuando decide atacar el señuelo, se abalanza a destrozarlo como haría un perro rabioso. Sus poderosos dientes caninos son capaces de hacer suplicar clemencia al mas robusto de los artificiales, marcándolo violentamente en cada mordida.

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La cubera requiere un terminal acerado que soporte el castigo sin igual propinado por su destructiva dentadura. No hay que escatimar en proporcionar a los señuelos unas anillas resistentes y unos anzuelos triples de confianza. Los grandes ejemplares y las zonas con obstáculos sumergidos demandan el uso de un equipo sobredimensionado. Para tratar de escapar, la cubera se dirigirá tercamente hacia el fondo, de donde resulta casi imposible despegarla. En medio del combate, lucha muy duro y no se cansa fácilmente . Hay que permanecer concentrado y trabajar sin descanso para lograr atrapar a una bestia así.

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Pescar en los ríos cubanos rodeado de ceibas milenarias y alejado de la explotación turística, constituye una experiencia indescriptible. Si una gran cubera no hace arder tu brazo y que llegues a sudar tinta, será lo mas parecido que habrás experimentado jamás. Por suerte, al terminar, estarán esperándote unos mojitos para olvidar el maltrato sufrido durante la pelea.

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Snooks en Territorio Mangle

Tarpones en Cuba

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Pesca del Snook en Cuba

El «Centropomus undecimalis» o «snook común» es un pez subtropical de la familia de los «barramundi» australianos, presente en el Atlántico occidental desde Carolina del Sur hasta Brasil y especialmente abundante en America Central y Golfo de Méjico (Bahamas, Belize, Cuba, Puerto Rico, etc). De aspecto alargado, una librea plateada con una negra línea lateral intensamente marcada y una gran boca con una quijada prominente lo hacen inconfundible.

Su carácter voluble y caprichoso convierte su pesca en todo un desafío: un juego donde los periodos de actividad que ofrecen numerosas capturas se alternan con los de calma total en los que los róbalos parecen esfumarse misteriosamente.

Los róbalos se mueven próximos a la costa en aguas poco profundas de estuarios y desembocaduras de los ríos, en los que frecuentemente se adentran. El snook tolera un amplio espectro de salinidades, pero muy sensible a la temperatura. La mezcla de agua dulce y salada unida al el intenso flujo de peces pasto atrae sobremanera a los róbalos.

Prescindiendo de las tablas solunares, los cambios de marea marcan los mejores periodos para su pesca: durante hora antes de la marea alta junto a las primeras tres horas de la marea descendente. El snook es extremadamente sensible a las mareas: cuanto mas intensa sea ésta, mejor para el pescador.

Frente a estos fuertes adversarios, es preciso no emplear un equipo excesivamente ligero. Servirá una caña de 7 pies de largo con 1¼ oz de potencia y un carrete provisto de un freno de calidad y monofilamento de 17 o 20 libras. La boca del snook es abrasiva, pero no requiere ningún codal acerado. Los peces artificiales y los vinilos en montura de jig son muy efectivos para la pesca de este pez. Colocar el engaño lo suficientemente cerca del laberinto de ramas y raíces diabólicamente enmarañado constituye un reto apasionante y a menudo es suficiente para obtener una picada. El cambio de marea junto a una buena presentación son las claves para capturar snooks.

Una vez ha picado, el potente snook exhibirá su habilidad innata para utilizar cualquier área de obstáculos en su favor y efectuará cualquier maniobra inesperada para escapar. La madera del mangle no sirve para nada, excepto para que los róbalos puedan trabar el señuelo o romper la línea al rozar y escapar. Convertirte en un pescador experto de este oponente formidable te llevará tiempo, pero en la pesca del róbalo, el pez que ‘tira como un bonito y salta como un tarpón, encontrarás el perfecto contrincante de agua salada y una diversión sin igual.

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Tarpones en Cuba

Tarpones en Cuba

Pesca del Tarpón con Equipo Ligero

Cuenta la leyenda que bajo las aguas del río Zaza, en la provincia de Sancti Spiritus, yace un tesoro desde el principio de los tiempos. Lo que desconocían los piratas de aquellos mares, aquellos que perdieron su vida tratando de hallarlo, es que se trataba de un pez de plata: el inexpugnable «Megalops atlanticus» o tarpón.

En Cuba los tarpones son realmente abundantes, localizándose en zonas de agua salobre, como las junglas de mangle a la desembocadura de los ríos. Los periodos de mayor actividad del sábalo coinciden con el amanecer y el atardecer, coincidiendo habitualmente con el cambio de marea.

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Un gran taco o «popper» de superficie es uno de los mejores ofrecimientos que puede hacérse a estos impredecibles adversarios. Hay que intuir la trayectoria del tarpon y colocar el engaño unos metros por delante hacerlo evolucionar a buen ritmo para que el pez no desconfíe y provocando gran conmoción. Cuando los tarpones rehúsan comer arriba, un jig de plumas con un remolque de vinilo resulta la mejor herramienta artificial para capturarlos.

Pero conseguir la picada y hacerse con la pieza son dos cosas bien distintas cuando se habla de la pesca del tarpón. Tras el fulgurante ataque comenzará un circo de saltos estratosféricos y estremecedores en los que el tarpón se agitará con furia tratando de zafarse de los anzuelos. Un tarpón es todo lucha y no resulta raro quedar paralizado en medio del combate. Hay que estirarse y «acompañar» al tarpón con la caña en cada uno de sus prodigiosos saltos. Mientras hay que rezar en espera de que los anzuelos hayan hecho presa en su acerada mandibula.

Tras muchos minutos, si los «orishas» deciden no prolongar demasiado la pelea, ésta apenas se apacigua. Al final, casi temblando, entre agotado y exhultante de felicidad, podrás contemplar una de las criaturas mas increíbles de la naturaleza: el «Rey Plateado». ¡Santa Bárbara bendita, solo quiero regresar a esta tierra linda!.